Alguien una vez dijo que veinte años no son nada. En nuestro caso recién vamos por la mitad y bien podemos decir que 10 años son muchos, son muchas situaciones, muchos recuerdos, muchas personas... Quien diga que 10 años no son nada, es porque nunca estuvo siquiera 10 minutos en e-vol. He aquí un breve, brevisimo, compendio de las principales anécdotas, recuerdos de esta loca loca década.
El primer recuerdo que golpea en mi cabeza es cómo llegué a evol... Corría el invierno del año 1998, hacía un par de meses que había renunciado a mi trabajo en televisión... me había dado cuenta que ese medio de comunicación no era lo mío. Estaba buscando trabajo y todos los días miraba (nooo, bumeran no existía aún) los clasificados de Clarin. Encontré un aviso de una empresa que buscaba estudiantes de comunicación social (bingo! primer requisito adentro) y que había que comunicarse telefónicamente (bien, nada de colas infructuosas). Llamé y hablé con una tal Silvia... me dijo que ya tenían muchos curriculums pero bueno, que se lo envíe.
A los pocos días, Silvia me llamó para una entrevista. Y ahí fui... a Suipacha 911 piso 21, dpto I. UH! piso 21 y yo le tengo pánico a los ascensores... bueno, a hacer de tripa corazón que 21 pisos se suben rápido y a lo sumo se cae más vertiginosamente sin posibilidad de tomar consciencia. La entrevista era a primera hora de la tarde, un día caluroso de invierno... sí, caluroso, calurosísimo... recuerdo que me cag... de calor durante todo el trayecto, la entrevista y el regreso a casa. Cuando llegué tuve que esperar un rato, muy poco tiempo, y si bien había unas pocas personas, recuerdo particularmente que había un hombre sentado de espaldas, mirando una pantalla de computadora, vestía camisa, era grandote y se lo escuchaba serio... cuando se dio vuelta tenía un chupetín pico dulce en la boca. Me entrevistó la misma Silvia, una mujer joven, muy joven... muy simpática y que hacía preguntas específicas. Se ve que le caí bien, porque por algún extraño motivo decidió que me incorpore en las filas de E-volution.
Y llegó el primer día de trabajo. Ingresábamos juntas 3 chicas, de las cuales a María la conocía de la facu y a Ana Luz era la primera vez en la vida que la veía. En el lugar trabajaban un chico rubio y dos chicas morochas, una muy alta de pelo largo y la otra más bien de estatura baja, pelo muy corto y muy bonita. Más adelante sabríamos que eran diseñadores gráficos. Tuvimos que esperar a que lleguen Silvia y Javier que estaban demorados. Excepto María, sería la primera vez que veríamos al dueño de la organización. Tuvimos con ellos una charla de una hora aproximadamente, que más que charla fue monólogo de él hacia nosotras...claro nos explicó de qué se trataba nuestro trabajo. Finalmente nos pidieron que volviesemos en una semana porque todavía no estaban los puestos de trabajo disponibles. Al salir de la reunión, esperamos las 3 muy serias y calladas en ascensor. La situación era un poco tensa, ninguna de las 3 se animaba a romper el hielo. Finalmente, dentro del ascensor la morocha Crespi tomó la iniciativa y quebró el silencio:
Ana Luz: - "Les puedo hacer una pregunta"
María y Flor: - "Sí, claro"
Ana Luz: - "Alguna de ustedes ¿entendió algo?"
María y Flor (a carcajadas): - "No, nada".
Con ese diálogo comprendimos que ya éramos compañeras inseparables de ruta pero los primeros días de convivencia quizá no fueron los mejores. La morocha pensaba que yo era una cortada y yo pensaba que ella estaba completamente chapita... no estoy segura si fue nuestra primera charla sobre psicoanálisis o la primera vez que ante la pregunta de: ¿qué música ponemos? y nuestra respuesta en corito de Bon Jovi lo que nos hizo inseparables amigas. Con el tiempo fuimos aprendiendo los nombres y quien era quien (y eso que eramos poquiiiitos) en la empresa. Así, sabíamos que estaban Javier y Javier... zas! eramos 3 gatos locos y ya te decían: decile a Javier y no sabías con quién tenías que hablar. Pero poco a poco fuimos entendiendo, que en realidad estaban: Javier y Javi, JC y JP, o Cami y Padu. También, comprendimos que ninguna se había equivocado: yo soy una cortada y Niluz está chapita.
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